13 julio 2010

Gloria (4º parte y final)

He tenido que dejar pasar al menos 48 horas después de la final para poder escribir algo coherente en el blog. Antes de eso sólo me salían cosas como OEEEEEEEEEEEEOEEEEEEEEEEOEEEEEEEE o CAMPEEEEEEEEEEEEEEEEEEONESSSSSSS, CAMPEOOOOOOOOOOOONES o, peor, YO SOY EP-PAÑOOOOOOOOOOL, EP-PAÑOLLLLLLLLLL, EP-PAÑOL. No era nada elaborado, como se puede ver.

Pero dos días después me encuentro con que, efectivamente, después del Mundial sigo pagando la hipoteca, el agua del mar sigue sucia y la gente sigue igual de idiota en general. Nada ha cambiado ni en España ni en el mundo... y sin embargo...

Sin embargo el hecho de que la selección española de fútbol haya ganado el Mundial 2010 no ha caido por entero en saco roto. No puede. Han sido demasiados años soñando con esto como para que pase desapercibido. Sé que hay mucha gente que lo desea desesperadamente, que quiere que el futbol sea una actividad más, que aquello que ellos detestan sea simplemente una anécdota tonta, como la del pulpo Paul.

Lo siento, no lo es. Nunca en Madrid hubo una manifestación de alegría tan grande como la de ayer. Nada en España, desde los tiempos de maricastaña, por lo menos, ha concitado tantos comentarios, tantas tertulias, tantos debates, tantas exclamaciones como la victoria de ayer contra los holandeses.

Ahora podemos buscarle mil ángulos al asunto. El beso de Iker y Sara, ZP botando, el The Times flipando con el árbitro, los orange flipando en colores, los foros independentistas tragando quina y aguantando el aluvión rojigualda, las infantas soñando con estatuas doradas... cada cual que se quede con lo que quiera, pero lo único cierto e innegable es que España es campeona mundial de fútbol.

Y como me decía yo a mi mismo esa noche, se acabó: cerramos el chiringuito por que no nos queda nada más que conquistar. Puede haber re-re-conquistas, pero con este éxito el deporte español consigue la última cota importante que le quedaba por alcanzar Años, décadas soñando imposibles, culminados con el gol de Iniesta. Sinceramente: nunca lo creí posible.

Ahora ha sucedido y mi única pena es que mi hijo de 4 años no recordará casi nada de esa noche, de estos días. Entre su corta edad y que se fue a dormir rendido al final de los 90 minutos reglamentarios, no recordará cómo su padre, su madre, su familia y todo el país saltó al mismo tiempo cuando un chaval de Albacete chutó y metió gol. Y por una vez, solo por una, todos los españoles estuvimos de acuerdo en algo. Qué viva España.

1 comentario:

Jaime Ortega dijo...

Eso mismo pensé yo en su momento... ¿cómo sabrá un niño de 4 años lo que significa este hecho histórico? Después de tantos años de sufrimientos y decepciones...