16 septiembre 2007

El Sendero Soriano (II)

Para empezar, estuvimos en un pueblecito, de esos que tiene 30 habitantes censados aunque doble o triplique su población en Verano, llamado Herreros, muy cerquita del embalse de la Cuerda del Pozo. Después de largas (es un decir) deliberaciones, nos alojamos en un hotel rural llamado La Casa del Cura. Para elegir este preciosa posada, nos guiamos, además de la citada página Soria Ni Te La Imaginas, por otras páginas útiles como Casas Rurales, Casas Rurales de Soria, Mi Casa Rural, Notodohoteles y Top Rural. Recomiendo a todo el mundo que, cuando se planeen viajes de este estilo, a hotelitos con encanto y con pocas habitaciones, se haga con todo el adelanto posible. Mejor reservar pronto que lamentar después.

En nuestro caso, la estancia fue más que agradable y recomendamos fervientemente el hotel. Mariana, la encargada, se portó con nosotros de maravilla y sobrellevó siempre con alegría nuestras continuas peticiones para calentar potitos, biberones y guardar yogures en el freezer de la cocina. ¡Estos padres modernos!Las habitaciones eran más que acojedoras, el jardín encantador, la sala de estar invita a la charla(en invierno, con la chimenea, más aún, supongo) y la cocina muy sustanciosa. Muy recomendable, ya digo.


30 agosto 2007

El Sendero Soriano (I)

Vale, han sido unas laaargas vacaciones, pero ¡qué leches! Las merecía. Entre otras cosas me he pasado una semana y pico recorriendo la provincia de Soria y me ha encantado. Recomiendo a todo el mundo visitar este precioso rincón de España. Como inicio al Sendero, propongo una visita a la página web del Patronato de Turismo de la provincia, llamada Soria ni te la imaginas. Seguiré contando.

04 agosto 2007

Um país que não aprende

El país del que hablo en el título no es España, por raro que parezca, sino Brasil. Ese es el título de la revista Exame, una de las más prestigiosas revistas brasileñas de actualidad; el título, contundente y comprensible, se refiere al accidente del A320 de la compañía TAM en el que murieron 200 personas. Según la revista dicho accidente vino a ser la crónica de una muerte anunciada. No tanto el accidente en concreto, del que aún no se ha llegado a una conclusión oficial (aunque muchos políticos se lanzaron alegremente a culpar al piloto sin tener en cuenta ni el estado de la pista ni el del avión), sino de la catastrófica situación del transporte aereo brasileño, el mayor país latinoamericano y una de las mayores economías del mundo.

Los problemas son varios, pero empiezan como todo por la cima. Los organismos encargados de la regulación aerea en ese país no regulan ni organizan nada y están dirigidos por personajes de perfil político, o sea, puestos a dedo por su fidelidad al gobierno, no por su valía como gestores. Esto es así tanto en el Ministerio da Defesa (Waldir Paris, amigo personal de Lula), en la Agência Nacional de Avição Civil (Milton Zuanzzi, ideólogo del Partido del Trabajo, el gobernante) y en Infraero, el equivalente brasileño de Aena (José Carlos Pereira, que mantiene en el cargo a directores de aeropuertos con causas por corrupción en curso). Todos estos piezas prefieren mirar para otro lado y dejar que las cosas rueden solas... mientras los aviones van cayendo. El del mes pasado es el segundo gran accidente en menos de un año, ya que 154 personas murieron hace diez meses cuando un B737 de Gol chocó contra un jet Legacy sobre la amazonia. A pesar de que entonces el presidente Lula pidió solucciones en menos de 24 horas para soluccionar la crisis del sector, lo cierto es que desde entonces nada se ha hecho por parte de las administraciones, más preocupadas de inagurar terminales de pasajeros grandiosas que de atacar la construcción de la tercera pista del aeropuerto de Congonhas, por ejemplo.

Cualquiera con un mínimo conocimiento del sector hubiese visto que se estaba rifando una catástrofe y que Congonhas (CGH) tenía todas las papeletas: el aeródromo con más movimientos de aviones de toda América del Sur, con pistas cortas, recibiendo aviones de fuselaje ancho, operando muy por encima de su capacidad (18 millones de pasajeros el año pasado, por los 12 que debería), situado en una zona densamente poblada y, para postre, con problemas de mantenimiento de las pistas. Hace 28 años el gobierno brasileño encargó un estudio para regular el tráfico aereo en Sao Paulo, el cual estableció que lo mejor era dejar Congonhas para el puente aereo Sao Paulo-Rio de Janeiro y vuelos hechos con pequeñas aeronaves regionales, que Guarulhos (GRU) se encargase del tráfico doméstico, y que Viracopos (VCP) fuese el gran aeropuerto internacional de la zona. Ni puñetero caso, claro.

Ahora tenemos 200 muertos, el país conmocionado por la inutilidad de sus dirigentes y una compañía (TAM) al borde del desastre; otra más en Brasil, que recordemos que vió como la histórica Varig desaparecía como tal. Y eso que TAM, según los sesudos analistas financieros, era una buena compañía, muy rentable, que cotizaba en la bolsa de Nueva York, saneada y todas esas cosas que se dicen en las juntas de accionistas. Pero como dice Dilbert, cualquier buena noticia para los accionistas es mala para los empleados (los 7 tripulantes del A320, por ejemplo) y no digamos para los consumidores. La gestión de TAM en el antes, durante y después del accidente ha sido de una inutilidad tal que llegó a anunciar a la mujer de un pasajero que éste había fallecido en el accidente... dos días después de haberle enterrado. No todo es cuestión de costes. No puede valer todo en un sector estratégico como la aviación comercial. No se puede consentir que se llegue a una situación como ésta, donde entre todos le mataron y pero él solo se murió. Tomemos buena nota de lo que pasa en Brasil, para que estos errores (¿eh, Doña Magdalena?) u otros parecidos nunca puedan suceder.

27 julio 2007

Polémica

Con retraso, voy a comentar la polémica sobre El Jueves, el chiste, Del Olmo y la libertad de expresión, aunque me temo que mi postura no va ser ni novedosa ni ingeniosa ni aportará aspectos revolucionarios en la jurisprudencia... pero como es mi blog, la suelto y punto. Siempre he hecho mía la postura de Voltaire: estoy completamente en contra de lo que dice, pero defiendo a muerte su derecho a decirlo. El chistecito de El Jueves (el que no lo haya visto, que se lo curre un poco y lo busque él) es zafio, grosero, fácil y manido. No hubiera merecido ni dos líneas en un periódico serio si el inútil del juez Del Olmo y el meapilas de Conde-Pumpido no se hubiesen metido a la estúpida tarea de ser más papistas que el Papa.

El resultado final ha sido una publicidad inmensa e inmerecida a la revista (que se gana la fama de cañera entre sus lectores), un perjuicio a la institución de la Corona (más que por la obscenidad, por amplificar la mentira de que el Príncipe no trabaja ni ha trabajado nunca), y por último el reafirmarse en que la justicia en España es un cachondeo. Como decía Anson en El Mundo hace unos días, los periodistas están sujetos a ley, por supuesto, pero se debe actuar contra los autores de la ofensa, no contra la publicación. Si cualquier famosillo puede ir y avisar a sus abogados para que pongan cientos de querellas contra aquellos que mancillan su ¿honor?, de seguro la Casa Real se basta y se sobra para manejar la imagen pública de la Familia Real sin que los palmeros de turno tengan que salir al rescate.

05 julio 2007

Consejos

Termino por fin la lectura de "Así cayó Alfonso XIII" de Miguel Maura, que viene a ser el relato en primera persona de los sucesos que llevaron a la caida de la monarquía y la instauración de la II República, aquel 14 de Abril de 1934. La figura de Miguel Maura siempre me había causado un cierto recelo, ya que el político liberal y católico confeso, fue uno de los principales miembros de el Pacto de San Sebastián y, por lo tanto, un responsable directo de la salida del rey tras las elecciones municipales del 12 de Abril. Al terminar la lectura me reconcilio un poco con la memoria del madrileño, pues comprendo que en su ánimo estaba salvar todo lo posible ante la catástrofe inapelable que se avecinaba: el fin de la monarquía y el advenimiento de la república.



Al final del libro, Maura, con aire profético, se aventura a dar consejos al futuro rey de los españoles (él escribe esas líneas en 1962, cuando Don Juan Carlos apenas era uno de los aspirantes al futuro trono), al "inexperto Mirlo Blanco", como le llama, que seguramente se encontraría en situaciones parecidas con las que él se encontró al llegar al Ministerio de la Gobernación, en 1931. Y dice:
Primero. No viva V.M. en este Palacio. Es letal y funesto para la realeza. Es el Versalles español y debe quedar, como el francés, de simple museo.
Segundo. Cierre V.M. las puertas de su casa a eso que se llama gente bien. Rodéese de gentes inteligentes, cultas, modestas y sencillas de clase media, que le traigan a diario un buen chorro de aire de la calle. Y...
Tercero. No deshaga V.M. sus maletas. A lo mejor no le dan tiempo para rehacerlas el día de la verdad y es probable, pero mucho, que esta vez no pasen las cosas tan alegremente, tan ciudadanamente, como aquel 14 de Abril de 1931.

Consejos que sospecho el Rey ha leido y tiene en cuenta para que ese "día de la verdad" no llegue a suceder nunca. No es la única de las lecciones que podemos entresacar de las páginas de esta obra imprescindible para comprender el siglo XX en España.

01 julio 2007

Niebla

La atmósfera neblinosa de Lima quizás no tiene la literatura de otras similares como la de Londres, pero puedo asegurar que es igual de incómoda y deprimente. Siendo Perú como es un país precioso, lleno de contrastes y bellezas naturales, su capital es una ciudad fea sin paliativos. A un clima deprimente y una situación más bien insulsas, se les unen el caos urbanístico y de tráfico. Conducir en esta ciudad es un deporte de riesgo que practican a diario los cientos, miles o cientos de miles de taxistas, oficiales o informales, que abarrotan las calles limeñas. A las miriadas de taxis les acompañan millones, por lo menos, de colectivos (autobuses) que tienen por costumbre detenerse en cualquier parte donde oteen un posible viajero. Y es que esos colectivos son privados, con una licencia (o no) municipal que les habilita para ir a la caza y captura de pasajeros. La competencia por captar clientes es feroz; los adelantamientos y frenazos se suceden; los accidentes también, claro. Una vez me contaba un taxista (iba yo en un "Tiko", un popular modelo de Daewoo en Lima), al ver mi cara de horror tras ignorar las señales que una policía nos hacía para detenernos en un cruce, que la única manera para no chocar era precisamente no atender a las indicaciones de los guardias de tráfico. De hecho, como he podido comprobar después, ningún coche hace caso de los policías, y quizás por eso no hay más accidentes, porque todos conocen esa regla no escrita.

17 junio 2007

Cuestión de experiencia

Han pasado unas semanas de su despedida, pero no quiero dejar de reseñar que siento de verdad la salida de Pedro Barthe de TVE. Yo me inicié en el baloncesto oyendo los comentarios del legendario Hector Quiroga (sí, niños y niñas, fue un señor que salía por la tele y hablaba de baloncesto), pero su muerte elevó a los altares de las retransmisiones a Don Pedro Barthe, de profesión antimadridista, poseedor de una mente propia y dueño de un profundo conocimiento del juego que tanto amamos.

Claro que con el paso del tiempo su fobia al Real Madrid se fue suavizando (desde aquellos "¡Ganamos de 10!" que se le escapaban cuando el que iba arriba en el marcador era la Penya o el Barcelona) y en las últimas temporadas había encontrado una especie de paz espiritual que hacía que oirle comentar partidos fuera una delicia, ya que a su sabiduría se había unido una especie de fina ironía que sólo el paso de los años y el estar de vuelta de casi todo te puede proporcionar. A ello se unió que había encontrado en Joan Creus y Fernando Romay los compañeros perfectos de retransmisión. Se notaba que los tres disfrutaban viendo cualquier partido y charlando. Y yo también disfruté mucho, ya digo, de esta última etapa de Pedro como comentarista... todo lo que no había disfrutado con los comentarios del inefable Ignacio Calvo, el único locutor que con el paso de los años cada vez parecía que sabía menos del deporte que comentaba.

Por todo ello, y por muchas otras cosas que podéis leer aquí, te doy las gracias Pedro y deseo que tu nueva vida lejos de la televisión (pero no lejos de las canchas) sea tan larga y fructífera como hasta ahora. Muchas gracias y que seas feliz.

16 junio 2007

Cuestión de salud

La voz de alarma la ha dado la Asociación Española de Pediatría (AEPed) desde el congreso celebrado la semana pasada en Barcelona: el pediatra es una especie en extinción. El modelo de asistencia al que tiende la sanidad pública española es hacer desaparecer al pediatra de atención primaria, a ése que nos encontramos en nuestro centro de salud del barrio, para pasar al pediatra especialista, aquel al que tu médico de cabecera acudiría si lo cree necesario. Ese es el modelo europeo, dicen.

Bueno, pues si ese es el modelo europeo, es una mierda, digo yo. No creo que haya un solo padre en España al que le guste ese modelo. El pediatra de tu hijo es como el angel de la guarda al que acudes cuando los miedos te ahogan, cuando el niño no come o le ha salido un salpullido sospechoso o una tos perruna. No sólo es un médico, sino alguien con quién compartir las inquietudes de la paternidad o maternidad. No queremos un médico de familia, queremos un profesional especializado que desde el principio sepa por dónde van los tiros, porque la experiencia nos ha demostrado que cuanto menos tiempo andes de médico en médico, mejor.


El problema es que, aparte de nuestros deseos, el modelo asistencial está condenado a muerte por inanición, esto es, por falta de pediatras nuevos. Según datos de la AEPed, en 20 años se jubilarán el 80% de los actuales pediatras de atención primaria; actualmente ya hay un déficit del 10.6%. Las causas de este déficit es el aumento de la población infantil en España (en torno al 20%), debida a la inmigración, pero también y sobre todo de la falta de previsión de los gobiernos, que no aumentaron las plazas de formación (MIR) de la especialidad en su momento, cuando era previsible que la generación del baby-boom (o sea, de los que, como el que escribe esto, tienen treintaitantos... ) empezase a formar familias y a tener hijos.

La sanidad es uno de los temas que deberías estar siempre por encima de intereses partidistas. En este caso, creo que los gobiernos central y autonómicos deberían pensar seriamente hacia qué tipo de modelo quieren encaminar la sanidad infantil y tomar medidas urgentes al respecto. Si nuestro modelo, el del pediatra de toda la vida, funcionaba, ¡mantengámoslo! Hay que hacer todo lo posible, con esfuerzo y dinero, por lograr que nuestros hijos tengan la mejor atención primaria posible. Al fin y al cabo, ¿quién hay más importante que el que vigila por la salud de los niños?

09 junio 2007

Cuestión de altura

Lo primero que el viajero siente cuando llega a Quito es ahogo. Más allá del espectaculo de una ciudad encajada en un valle, lo que divisas desde la ventanilla del avión que parece va a aterrizar en el comedor de alguna casa, en cuanto pones el pie en tierra tu cuerpo nota la falta de oxígeno. Es normal, ya que Quito se encuentra rozando los 3000 metros de altitud. El aire es menos denso y eso se nota en cuanto quieres subir una escalera, no digamos al hacer ejercicio físico.

Por eso, porque he sufrido en mis carnes los efectos de la altitud, entiendo perfectamente el empeño de la FIFA en prohibir los partidos de futbol internacionales que se celebren en campos que estén por encima de los 2500 metros de altitud. Vamos, que si fuera por mí obligaría a todo el mundo a jugar a nivel del mar. Puede parecer una cacicada de Blatter y sus colegas, pero en realidad es de cajón que cualquier equipo visitante que juega a esa altitud está en desventaja con respecto a el equipo local, acostumbrado a triscar como las llamas por los Andes. Así, los equipos sudamericanos llevan años quejándose cuando les toca jugar en Cuzco, Quito o La Paz, ya que los equipos nacionales de esos paises intentan suplir con la altura la diferencia futbolística que les separa de sus rivales como Argentina o Brasil.

No se trata de impedir que Perú, Ecuador o Bolivia participen en competiciones internacionales, sino de igualar las condiciones de juego. No hay tiempo suficiente para que los jugadores de los equipos rivales se acostumbren a la altitud de esas ciudades, así que los locales siempre contarán con ventaja, lo que falsea de alguna manera el resultado del juego. Ésta es la única realidad objetiva; si Evo y sus colegas no quieren entenderlo, peor para ellos.