No es secreto que soy admirador rendido del escritor Arturo Pérez-Reverte el cual, además de escribir bien y vender mejor, se dedica a pontificar con envidiable acierto sobre las cosas veredes, o sea, a decir verdades como puños. Sostiene Don Arturo que el ex-ministro Moratinos ha sido un "perfecto mierda" al irse de su ministerio entre lágrimas (no sabemos si de cocodrilo). Inevitablemente el coro de pringados ha saltado a la yugular del cartagenero (via Twitter, eso sí, que a la cara dudo que nadie se atreviese), y al coro se han unido los políticos de (casi) todo pelaje, para explicar que ellos, que bonito, también lloran y tienen sentimientos. Precioso.

Claro, lo malo no es que Moratinos llore como una nenaza al dejar el ministerio. Lo malo es que no haya llorado antes por los disidentes cubanos encarcelados, por los etarras hispano-venezolanos, por los marinos secuestrados, por los trabajadores vejados y, en fin, por los cooperantes secuestrados. Mira si tenía motivos para llorar, tras tantos años de mala gestión en su ministerio, tras tantos desaires a España, tras una miriada de meteduras de patas y de amistades peligrosas. Así que ni yo, ni Don Arturo ni seguro Don Diego Alatriste y Tenorio entenderemos nunca que un hombre hecho y derecho se ponga a llorar porque le quitan el coche oficial y la cartera, pero no se le abran las carnes cada vez que ha dejado el nombre de España por los suelos. Y ahora hala, a twittear.
