Hablaba el otro día
Irene Lozano en
ABC de la colección de personajillos que viven de y a costa de la
Casa Real. No hablaba de grandes empresarios que hagan oscuros negocios favorecidos por la amistad del Rey, sino más bien de la corte de palmeros, cotillas y comentaristas que hacen de la crítica a la Familia Real su medio de vida. Enseguida nos viene a la memoria la figura de
Jaime Peñafiel (vomitivo su comentario sobre la muerte de la hermana de la
Princesa Letizia aparecido en el suplemento dominical de
El Mundo) como miembro más representativo de estas "garrapatas", como las llamaba Irene Lozano, pero hay muchos más. La Monarquía alimenta muchas bocas, pero sin embargo nunca se han oido palabras de agradecimiento a los Reyes, como nunca nadie ha establecido con rigor la influencia (positiva) de nuestra forma de estado para con el PIB nacional. Esperamos que a algún economista se le ocurra algún día hacerlo.

Pero el Rey no está para entretener a las garrapatas, sino para acudir donde se le necesite. En este caso, ha pillado el Hércules de las 10 y se ha ido para felicitar las Fiestas a nuestras tropas que se encuentran en
Afganistán, el destino más peligroso de todos en los que estamos desplegados. Mientras otros
políticos se dedican a vivir en su país de las maravillas, el Rey siempre sabe cual es su lugar: con todos los españoles. Feliz Año Nuevo, Majestad.