Lo primero que se le ha ocurrido a la gente, tras el
anuncio de
Alberto Ruíz-Gallardón de que impulsará mediante ley retirar a los indigentes de la calle, es el regidor de Madrid iba a desempolvar la
franquista ley de vagos y maleantes. Doble error, por supuesto. Primero porque la citada ley se aprobó en 1933, o sea, en tiempos de aquella idílica II República, con el PSOE en el gobierno, así que de franquista nada. Segundo porque el Alcalde no habla de vagos y maleantes (además que hoy en día los vagos no andan tirados en la calle, sino en el sofá de casa de sus padres, tan calentitos), sino de dar techo y comida a los que carecen de ello.
Pero claro, es muy fácil salir como hace la Ministra
Pajín hablando de los derechos constitucionales de los mendigos, o como
Esperanza Aguirre con lo de que "no le gusta prohibir". Ellas no tienen que sortear gente tirada en la calle, durmiendo en cartones. No tienen que esquivarlos cuando vas a comprar el pan con tu hijo de la mano. No tienen que verlos día a día (ni olerlos, ya puestos). ¿Que soy poco solidario? Llámalo como quieras. Pero es que tampoco son ellos, los solidarios, los que duermen al raso todas las noches. No son los que buscan comida entre la basura de la basura. No son los que van cagados, meados y vomitados al no encontrar un sitio donde asearse. No son los que se mueren de frio en invierno, ni los que se asan de calor en verano. Los solidarios no son los que se mojan cuando llueve ni los que reciben palizas de los hijos de puta que andan por ahí sueltos.
A las
ONGs tampoco les gusta la idea. Qué pena. A lo mejor es que están tan metidas en su papel que no se dan cuenta de que el simple hecho de ver una persona durmiendo en la calle es inaceptable. Y si la sociedad no es capaz de resolver ese problema, a lo mejor tendrá que ser el estado el que tome cartas en el asunto, mediante ley, proclama, bando, disposición o con un mensaje en una botella. Vale ya de hipocresías y de paños calientes. Hablar de "derechos de las personas" cuando tú estás en tu casita calentito y otro está en la calle hambriento y sucio es para morirse de la vergüenza.