La Semana Santa ha hecho que me pasase inadvertida la noticia de la muerte de Arthur C. Clarke, el último de los Big Three que vivía. Fueron él, Isaac Asimov y Robert A. Heinlein los que tomaron un género que allá por los 40 estaba confinado a las revistas pulp y lo elevaron a la alturas, cuidando la ciencia y maravillando con la ficción.

En su última aparición pública, Clarke soñó que ese primer encuentro con vida inteligente extraterrestre se hiciese realidad pronto. Por desgracia no ha tenido tiempo de contemplar ese acontecimiento, que con tanta maestría relató en Cita con Rama o El fin de la infancia (su mejor obra, según todo el mundo). Quizás un día levantaré los ojos y por fin tendré la confirmación de que no estamos solos en el universo. Ese día seguro que me acordaré de Arthur C. Clarke.